Cada mendigo que recorre nuestras calles ¿es verdaderamente un pobre hombre? O más bien ¿será un gran hombre que prefiere no mostrar lo rica que es su alma y lo mucho que nos puede entregar? quizás esta comparación le parezca a mucho un algo extraño, una locura tal vez, aun así debo decir que, nada sabemos ni conocemos de la verdadera pobreza, de aquella que se anida en el alma human, inclusive en el alma del rico, del que pareciera poseer más.
Lo que aquí plasmo, no lo hago con la intensión de destruir la autoconcepción de cada persona, sino de mostrar quizás la ventana que para muchos ha estado cerrada, creyendo que con sus actos triviales de dar una vez al mes la sobre de un dinero a una organización benéfica son más. Cada una de estas personas sabe que hay una pobreza, son o somos concientes de la carencia que existe es más, muchas veces he visto como “almas bondadosas” desalojan sus bolsillos para dar algo a aquel que “nada tiene”, como en cada esquina entregan un poco de su mismo dinero para sentir que han hecho algo por ayudar.
Sin embargo es otra la realidad, quizás hasta cruel, ya que sinceramente pobre no es aquel que en harapos busca mostrar su simpleza y que a la vez recibe un poco de lo que le dan los otros, dejando ver lo poco que posee, sino que pobre somos aquellos que para sentirnos “algo alguien” necesitamos de alguien que se encuentre más debajo de nosotros mismos para que de esta forma al darle algo insuficiente dentro de su gran riqueza, nos sintamos con la capacidad de dar y ya dejemos de pensar o de ser esas almas vacías que nada sabemos de riquezas espirituales, y que para alimentar nuestro ego, aparentamos poseer más, aun así la verdad siempre sale a luz y lo hace cuando ocurren asesinatos, corrupciones, humillaciones, son estos los ejemplos más cotidianos que podemos encontrar en los cuales mostramos lo poco que somos, en cambio el mendigo no humilla, pues cree que está más abajo, no mata, porque para la sociedad él ya no existe, y un ser no existente no puede matar a otro, ni miente pues no tiene a quien, ya que nos hemos encargado de dejarlo solo.
La verdad es que son ellos quienes desde lo bajo de cada esquina con sus sinceras miradas nos entregan una esperanza un aliento un, un motivo para seguir en medio e nuestro desastre, son ellos quienes saben que es el amor, pues siempre saben si ayer salió el sol o no, ya que muchas veces, el día el paisaje es lo único que tienen, aun así no temen mostrar lo que son ¿y no es esto más valiosos que el hecho de estarnos haciendo creer que somos más? Por el simple modo de llevar en nuestro vestuario títulos que no dicen más que “tengo un vehiculo”, “soy profesional”, “soy socialmente bella”, “ayudo a esta u otra organización”.
Es por esto que finalizo diciendo que la pobreza no consiste en no tener bienes materiales sino en el no tener bienes espirituales, en no ser auténticos, en el tener como prioridad aspiraciones mundanas más que el asumir nuestra miseria, o mejor dicho nuestra realidad.
martes, 26 de mayo de 2009
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